Cuando
crecimos en un país del llamado “Tercer Mundo”, en otras épocas, tuvimos la
oportunidad de vivir experiencias que en los países del “Primer Mundo” jamás
sucederían…
Antes que todo, me gustaría establecer que todos somos habitantes del
“Tercer Mundo”… ya que el Primer Mundo estaría demasiado cerca del sol y nos
quemaríamos en un instante…
En nuestra niñez, en la hermosa isla de Cuba, vivíamos otro mundo muy
distinto al que existe hoy… aquí, allá o... acullá. Podíamos correr las calles
libremente, con el peor miedo siendo aquel que nos demoráramos mucho en
regresar a casa, o el ser víctima de algún inusual accidente callejero.
Podíamos también juguetear con los vecinos y sus familias, haciendo bromas que
hoy se considerarían quizás “políticamente incorrectas”. ¡Dios mío…”!
¡¡Decirle a alguien “negro” o “mulato” en su propia cara!! ¿Cómo reaccionarían
hoy todos aquellos que se sonrojan con solo decir “Africano-Americano?” Me
parece que todos tendemos a exagerar muchas de las ideologías que hoy se
estilan y que tratan de ponerle un cerco a nuestras mentes, efectivamente
coartando las oportunidades de expresiones sencillas y directas.
En mi época de niño, en esa hermosa isla a la que me refiero, existían
los prejuicios raciales y sociales; decir lo contrario sería decir una mentira
piadosa. Pero lo cierto es que no se tenía el prejuicio hiriente y
explosivamente violento de esta cultura que adoptamos como propia, en esos
caminos de la vida que fuimos obligados a tomar.
¡Ah… la Mulata Juanita! Aún para mis inocentes ojos de niño viejo, era
una hermosa mujer… Vivíamos en una casa antigua, en la parte central de
la ciudad. Mi abuelo, QEPD, la había alquilado desde los años
treinta y pico, con un costo mensual que se había “congelado” (¿Creían Uds. que ese término
solamente se usaba en NYC y sus apartamentos?) a un nivel que era bastante barato.
Abuelo, QEPD (interesante como
en nuestro idioma siempre nos sentimos obligados a incluir este sufijo cuando
mencionamos a alguien quien ya ha muerto…), pudo fácilmente haber comprado
una de las nuevas casas construidas en Punta Gorda, con vista a la bahía. Pero
el guardaba su dinero para sus nietos (incluido yo…) algo que estoy seguro le agradó mucho
al régimen Castrista cuando confiscaron las cuentas bancarias personales,
incluyendo la suya. Además, su preferencia era vivir en esa vieja casa, llena
de memorias y cerca de su oficina. Le gustaba caminar todos los días,
atravesando el parque central y pasando cerca de la Iglesia Catedral que no era
solamente su vecina de cuadra en los “negocios”, pero también una vieja
contrincante ideológica.
En los barrios viejos de la ciudad, se ubicaban las “cuarterías”… para
poder clasificar seria una casa de esas que son ya de cierta edad, pero grandes
y aún serviciales, que se subdividían en pequeños “apartamentos” donde cada
cuarto se convertía en la vivienda de una familia. De ahí el nombre de
“cuartería”. Creo que en México DF, le llaman “vecindad”. Bueno, por lo pronto,
volvamos a Cienfuegos, la bella Perla del Sur.
Frente por frente a mi casa existía una de estas cuarterías. La mezcla
de habitantes de la misma era más que interesante habiendo blancos, negros,
mulatos y hasta un chino, o dos. Varios de mis compañeros de juegos de infancia
provenían de esta mansión en decaída y venían en un surtido de colores y
sonidos… quizás por esta razón algunos de mis compañeros de escuela privada,
habitantes de la antes mencionada “Punta Gorda”, eran reacios a visitar
mi casa regularmente… no importa, ellos se perdieron a la mulata Juanita.
En un país y cultura basados en las restricciones nacidas de otras eras,
el concepto del “sexo” y el hablar abiertamente acerca del mismo era un tabú.
Corríamos el riesgo de ser excomunicados de por vida(s)… También lo era, entre
las clases más sociablemente desarrolladas, el exhibir las indecorosas prendas
interiores. Era un reto moral, que había que resolver en el ámbito práctico,
cuando en las mañanas de verano los calzones de la mulata Juanita eran
exhibidos al aire libre, ondeando cual bandera de clan, mientras colgaban de la
cuerda extendida en el patio de la cuartería, para que la suave brisa les
secara suave y lentamente.
Los chicos del vecindario solíamos, como sigilosos bandidos, tomar
turnos para ver de cerca estas prendas que cubrían, como castas guardianes, a
las partes mas íntimas de esta voluptuosa mujer… sobre todo unas nalgas que
cuando cubiertas por estos calzones y una leve falda veraniega, volvían locos a
los hombres del barrio al verlas pasar, moviéndose cual barco que sube y baja
con cada paso… quiero decir, con cada ola.
¡Qué delicia…! El haber nacido en el “tercer mundo…” No todas las
memorias son del club y de las fiestas hogareñas… hay muchas que me llevan a
otra existencia, a otro plano que ya hoy no encontramos en este mundo
homogeneizado y pasteurizado donde ahora vivo.
¡¡Cuídate mucho,
que eres importante!! ¡¡Regresa a
saludar!!
Hasta Pronto…
NOTAS:
- “r-joaquin.blogspot.com” BLOG en Inglés.
- Domingos 6:30pm, hora Este EEUU; Other Box por
radio… por ahora en Inglés; también en Español en un futuro.
- Comentarios a "otracaja@gmail.com"
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